El patrón de medida del Megalitismo

Patrón de medida y escritura son dos requisitos fundamentales para levantar un dolmen de corredor de grandes dimensiones como el dolmen de Menga (V milenio a.C., Antequera, Málaga), el dolmen de Alberite (V milenio a.C., Villamartín, Cádiz) o el dolmen de Soto (III milenio a.C., Trigueros, Huelva). Obras de tal envergadura que requieren necesariamente de un sistema de trabajo planificado que organice la sucesión de tareas que implica su construcción de una manera coherente. Habría que tener en cuenta que estos edificios tienen alrededor de 30 metros de longitud, 3,5 metros de altura y hasta 6 de anchura, que se recubrían con un túmulo de tierra de unos 50 metros de diámetro, que algunas cobijas llegan a pesar 180 toneladas –una losa con el peso de 6 camiones de cuatro ejes repletos de carga– y que las piedras podían proceder de canteras a varios kilómetros de distancia a través de terrenos irregulares; por lo que el despliegue de medios humanos, animales y materiales sería elevado, lo que implica un estudio logístico preciso.
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Las Metamorfosis de Aníbal González

El hermetismo en la obra de Aníbal González
Aníbal González Álvarez-Ossorio
Aníbal González Álvarez-Ossorio

Aníbal González Álvarez–Ossorio es una de esas figuras que, si bien resultan conocidas por muchos, siguen faltas del reconocimiento que merecen por la sociedad. Arquitecto nacido en Sevilla el 10 de junio de 1876, se formó en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid con las calificaciones más destacadas de su promoción. Fue alumno de Ricardo Velázquez Bosco, gran arquitecto eclecticista de principios de siglo XX, y de Vicente Lampérez, miembro de la Real Academia de la Historia, importante restaurador, arquitecto e historiador del arte. Su mujer, Ana Gómez Millán, era hija de José Gómez Otero, miembro de una saga de notables arquitectos sevillanos. Además, desde sus inicios trabajaría muy vinculado a sus primos Cayetano y Torcuato Luca de Tena y Álvarez–Ossorio, el primero alcalde de Sevilla entre 1906–1907 y el segundo un importante empresario y periodista de la época muy próximo a la alta sociedad, fundador del periódico ABC y la revista Blanco y Negro.
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Macrocosmos y microcosmos en el dolmen de Alberite

Aún es de noche pero el cielo comienza a clarear. Al este se recortan algunas montañas que delimitan una vasta llanura salpicada de árboles. La mañana se ha levantado fresca, pero no tardará en volver la flama del estío. Por lo demás, el silencio ocupa el resto de un lugar en un tiempo que parece ausente y que podría haber pertenecido a cualquier otro momento de siete mil años atrás. Sigo aguardando la llegada del fiat divino en un horizonte bien delimitado por los dos menhires que flanquean la entrada del dolmen, un segmento de mundo preparado para escenificar el primer drama cósmico. A la izquierda, el menhir boaz señalaba la salida del sol durante el solsticio de verano. A la derecha, el menhir jakin marcaba con una precisión exquisita el orto en el equinoccio. El segmento sería la unidad, el todo, el caldo primigenio o Caos primordial que contenía todo el Universo en su seno, aunque informe y sumido en la oscuridad a la espera de la llamada del verbo. Seguir Leyendo

“La identidad de Fulcanelli” de Javier Corzo Sánchez

Javier Corzo Sánchez (Sevilla, 1948) es un ingeniero químico con amplia experiencia en el sector industrial y una gran pasión por descifrar misterios históricos vinculados al esoterismo. Algo debe tener la antigua química técnica que atrae a tantos interesados por el hermetismo durante la edad contemporánea, como me ocurre a mí mismo. Habría que recordar que también han sido ingenieros químicos René Adolphe Schwaller de Lubicz, Jacques Bergier, Henri Coton-Alvart, José Gifreda, Armand Barbault o Patrick Burensteinas entre otros; estudiosos de perfil técnico a los que se sumarían otros como José Antonio Puche Rialt, ingeniero de caminos, o Bernard Roger, arquitecto. No se trata pues de una casualidad, sino de una consecuencia lógica de personas con un amplio conocimiento de la ciencia y mucha curiosidad por los entresijos de la materia, que ha sido una constante en la historia como lo demuestran científicos que buscaron la Piedra como Pierre Curie, Blaise Pascal, Isaac Newton o Tycho Brahe.

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El frontispicio de «El Triunfo hermético o la Piedra filosofal victoriosa» de Limojon de Saint Didier

Le Triomphe hermétique ou la Pierre philosophale victorieuse, «El Triunfo hermético o la Piedra filosofal victoriosa», es un tratado alquímico que adquiere especial notoriedad desde que fuera ampliamente citado por Fulcanelli tanto en El misterio de la catedrales como en sus Moradas filosofales. Se trata de la obra principal de Alexandre-Toussaint de Limojon de Saint-Didier, un diplomático francés nacido hacia 1630 en Aviñón, en la Provenza. Su cultura y posición le permitió conocer en profundidad la Europa de su tiempo y codearse con miembros muy selectos de las esferas del poder y el conocimiento. Formó parte del servicio de Jean-Antoine de Mesmes, conde de Avaux y marqués de Givry, que sería nombrado embajador extraordinario de Luis XIV en Venecia, por lo que Limojon hubo de trasladarse a la villa ducal entre 1672 y 1677. Más tarde seguiría a su señor hasta los Países Bajos, donde editaría su Lettre d’un Philosophe sur le Secret du Grand OEuvre, écrite au sujet de ce qu’Aritée a laissé par écrit à son Fils, touchant le Magistère philosophique, «Carta de un Filósofo sobre el Secreto de la Gran Obra, escrita a propósito de lo que Aristeo dejó por escrito a su Hijo, en referencia al Magisterio filosófico», obra publicada por Adrian Moetjens en 1686. Concluida su estancia en La Haya hacia 1689, viajaría a Irlanda como escudero del conde de Avaux en una nueva misión diplomática. El 24 de noviembre de ese mismo año, después de sufrir diferentes adversidades de carácter económico, embarca con Mylord Thomas Howard en «La Tempestad» para dar cumplimiento a un encargo de Luis XIV. A pesar del mal tiempo la embarcación se hace a la mar, pero nunca llega a su destino. No obstante, existe una carta de 7 de marzo de 1690 del conde de Avaux que dice que «un padre capuchino de Londres me ha asegurado que han tenido el aviso de España de que el navío donde iba el Señor de Saint Didier había arribado. Lo deseo de todo corazón, mas no me atrevo a celebrarlo». Seguir Leyendo