El frontispicio de «El Triunfo hermético o la Piedra filosofal victoriosa» de Limojon de Saint Didier

Le Triomphe hermétique ou la Pierre philosophale victorieuse, «El Triunfo hermético o la Piedra filosofal victoriosa», es un tratado alquímico que adquiere especial notoriedad desde que fuera ampliamente citado por Fulcanelli tanto en El misterio de la catedrales como en sus Moradas filosofales. Se trata de la obra principal de Alexandre-Toussaint de Limojon de Saint-Didier, un diplomático francés nacido hacia 1630 en Aviñón, en la Provenza. Su cultura y posición le permitió conocer en profundidad la Europa de su tiempo y codearse con miembros muy selectos de las esferas del poder y el conocimiento. Formó parte del servicio de Jean-Antoine de Mesmes, conde de Avaux y marqués de Givry, que sería nombrado embajador extraordinario de Luis XIV en Venecia, por lo que Limojon hubo de trasladarse a la villa ducal entre 1672 y 1677. Más tarde seguiría a su señor hasta los Países Bajos, donde editaría su Lettre d’un Philosophe sur le Secret du Grand OEuvre, écrite au sujet de ce qu’Aritée a laissé par écrit à son Fils, touchant le Magistère philosophique, «Carta de un Filósofo sobre el Secreto de la Gran Obra, escrita a propósito de lo que Aristeo dejó por escrito a su Hijo, en referencia al Magisterio filosófico», obra publicada por Adrian Moetjens en 1686. Concluida su estancia en La Haya hacia 1689, viajaría a Irlanda como escudero del conde de Avaux en una nueva misión diplomática. El 24 de noviembre de ese mismo año, después de sufrir diferentes adversidades de carácter económico, embarca con Mylord Thomas Howard en «La Tempestad» para dar cumplimiento a un encargo de Luis XIV. A pesar del mal tiempo la embarcación se hace a la mar, pero nunca llega a su destino. No obstante, existe una carta de 7 de marzo de 1690 del conde de Avaux que dice que «un padre capuchino de Londres me ha asegurado que han tenido el aviso de España de que el navío donde iba el Señor de Saint Didier había arribado. Lo deseo de todo corazón, mas no me atrevo a celebrarlo».

Ejemplar de la primera edición

En cuanto al tratado, que consta de tres partes, se trata de un libro de reducidas dimensiones, editado en octavo y encuadernado en cartoné del siglo XVII con rótulo grabado en oro sobre cuero rojo e interior en papel verjurado natural estampado en negro con inserciones en rojo en la primera página y tipografía sobria, en la que resaltan algunas decoraciones vegetales en el comienzo y fin de la primera parte, así como en las letras capitulares. La primera de estas partes se titula Antigua guerra de los caballeros o plática de la piedra de los filósofos con el oro y el mercurio (1690). Esta primera parte consiste, según indica Limojon en la «Advertencia», en un tratado anónimo que él tenía en gran estima y que habría aparecido en Leipzig en 1604, compuesto originariamente en alemán, luego traducido al latín por Fabri de Montpellier y, por último, en francés. La segunda parte es una plática filosófica, el Discurso de Eudoxio y de Pirófilo sobre la antigua guerra de los caballeros. La tercera y última parte es una Carta a los verdaderos Discípulos de Hermes conteniendo las seis claves principales de la filosofía secreta (1699).

Portada interior

Los ejemplares antiguos que se conservan, tanto de la edición de Henri Wetstein de 1699 (a la que pertenece el ejemplar de las imágenes) como de Jacques Desbordes de 1710, poseen dos particularidades a reseñar. Por un lado, a todos les falta el frontispicio, una circunstancia frecuente en libros antiguos de toda índole, ya que los anticuarios solían arrancar las láminas para venderlas aparte incrementando así los réditos del libro. En segundo lugar, en la última página se encuentra el fragmento final del libro y el anagrama del autor escritos a pluma, una divisa resuelta por Fulcanelli en sus Moradas: «Dives sicut ardens, es decir, Sanctus Didiereus», un juego de letras en latín que significa «tan rico como ardiente». En los años 70 del siglo XX, y como consecuencia del interés suscitado por la importancia que Fulcanelli otorga a este tratado, se reeditó el texto íntegro dentro de la «Bibliotheca Hermetica» de EP Denoël junto con una introducción y notas de Eugène Canseliet. Esta magnífica tirada se complementa con la reedición del resto de obras de Limojon de Saint Didier y del Mutus Liber de Altus. De manera casi simultánea, Canseliet completará su estudio sobre Limojon en su L’alchimie expliquée sur ses textes classiques, publicada por Jean-Jacques Pauvert en 1972.

Detalle del interior

El frontispicio de El Triunfo hermético es una cuidada alegoría de la Obra al completo. En el pie de la figura se encuentra una frase en latín: De cavernis metallorum occultus est, qui lapis est venerabilis, «En las cavernas de los metales (de las minas) se oculta la piedra que es venerable». De esta manera el autor localiza la materia prima de su operación en una sustancia mineral metálica en estado bruto, natural, sin procesamiento humano. Se trata además de una materia alejada tanto del mundo vegetal (carbón, aceites, extractos, etc.) como del animal (urea, cera, sebo, etc.), plenamente telúrica, alejada incluso de materiales inertes superficiales fruto de procesos sedimentarios (por lo general silicatos, óxidos, carbonatos y sales alcalinas). Es por lo tanto de suponer que el autor se decanta por un sulfuro metálico natural, la mena más frecuente de los metales de yacimientos subterráneos.

Segunda parte

Asimismo, Limojon presenta el fuego fundamental de la Obra en este mismo origen cavernario de su materia prima, un fuego presente en la sustancia radical y cuya naturaleza trasciende la del fuego común. No se trata aquí de simple energía calorífica, entalpía o virtud catalizadora. Limojon hace referencia al fuego secreto, ese gran enigma con el que firma su obra, Dives sicut ardens, valioso en la medida de su capacidad ígnea; un principio cuya revelación ha sido vetada en cuanto que la Obra emana de su virtud. Hesíodo lo denominó Eros (ερ), que nacería en el origen de los tiempos junto a Gea y el Tártaro.

En la superficie del paisaje simbólico, dos fuentes manan de sendos montículos pertenecientes a un mismo terruño, que el artista dibuja como árido y escaso de vida. Este agua corriente podría sugerir dos compuestos salinos utilizados como coadyuvantes en el proceso de recombinación química para estabilizar la presencia de ciertas especies que, de otra manera, se descompondrían en compuestos inactivos para la labor alquímica. Las fuentes se sitúan en los flancos de la vía ascendente de la operación principal para confirmar su carácter adyacente, si bien marcan una diferencia notoria entre la fracción masculina y la femenina del proceso. Estas dos naturalezas, aún separadas, son conducidas a un grado superior de pureza. Obtenido el azufre, el filósofo alcanza el fin de la primera fase operatoria, la primera corona.

Diálogos filosóficos

El propio autor remarca que la fusión del agua de las dos fuentes da origen a su piedra triangular, el fundamento del Arte. Esta piedra triangular, dibujada mediante dos triángulos enfrentados para evidenciar su dualidad, hace referencia a los tres principios de la Obra, es decir, al mercurio, el azufre y la sal que en ella se contiene si bien no se encuentren todavía en un grado de maduración y fusión adecuados.

Esta primera corona Limojon la coloca sobre el cuello de un matraz aforado en cuyo interior se revuelven unas corrientes de aire (αηρ) que evocan al aire que «lo ha llevado en su vientre» de la célebre Tabla de Esmeralda, que dice así:

Verídico, sin falsedad, cierto y muy verdadero:
lo que está de abajo es como lo que está arriba,
y lo que está arriba es como lo que está abajo,
para realizar el milagro de la Unidad.

Y así como todas las cosas provinieron de la Unidad, por mediación del Uno,
así todas las cosas nacieron de esta Unidad, por adaptación.

Su padre es el Sol, su madre la Luna,
el Viento lo llevó en su vientre,
la Tierra fue su nodriza y receptáculo.

El Padre de toda la Perfección de todo el Mundo está aquí.
Su fuerza permanecerá íntegra aunque fuera vertida en la tierra.

Tú separarás la Tierra del Fuego,
lo sutil de lo espeso,
suavemente,
con mucho ingenio.

Asciende de la Tierra al Cielo,
y de nuevo desciende a la Tierra,
y recibe la fuerza de las cosas superiores y de las inferiores.

Así lograrás la gloria del Mundo entero.
Entonces toda oscuridad huirá de ti.

Aquí está la fuerza fuerte de toda fortaleza,
porque vencerá a todo lo sutil
y en todo lo sólido penetrará.

Así fue creado el Mundo.
Con toda suerte de admirables adaptaciones,
cuyo modo principal es el que se ha dicho.

Por esto fui llamado Hermes Tres veces Grande (Trismegisto),
poseedor de las tres partes de la filosofía de todo el Cosmos.

Se completa así lo que tenía que decir de la obra del Sol.

Se puede comprobar que el frontispicio de Limojon de Saint Didier es bastante consistente con el texto de Hermes Trismegisto, y en esta segunda Obra describe con nitidez a estos dos padres de la Piedra, el Sol y la Luna, que proyectan sus rayos sobre el caduceo de Hermes que brota del cuello del matraz aforado. Efectivamente, esta segunda operación se dirige a armonizar y fusionar las dos naturalezas en un único cuerpo, el mercurio filosófico. El éxito en la segunda operación de la Obra supone la obtención de la segunda corona.

Sería importante resaltar una apreciación de Eugène Canseliet sobre la escasa sinceridad de los alquimistas en sus escritos y lo que desorientan a los investigadores en cuanto a la aparición de un matraz de vidrio en el frontispicio cuando, según este mismo autor, la Obra que describe Limojon en su libro en ningún momento se orienta hacia la llamada vía húmeda, sino todo lo contrario, a la operación directa con el crisol en la denominada vía seca. En descargo de Saint Didier, habría que apuntar que es muy frecuente el uso del instrumental de vidrio en las alegorías alquímicas, tal y como sucede en el Mutus Liber, ya que es una manera muy pedagógica tanto para comunicar como para interpretar los fenómenos fisicoquímicos que ocurren en el interior del proceso. Tanto es así que hay autores que plantean que la vía húmeda es una simple descripción didáctica de un proceso imposible, tanto por las materias como por las temperaturas que usa, de realizar en recipientes de vidrio y soluciones acuosas.

Detalle interior

En último lugar, el artista sitúa un gran símbolo del azufre filosófico dentro del cual se eleva un fénix envuelto en llamas. Una triple corona culmina la fase, lo que implica la consecución del triple magisterio de la obra del mercurio, de ahí el apelativo de Hermes Trismegisto. El fénix es la última perfección a la que aspira el azufre fijo de los filósofos. Se trata de un ser mítico que renace de sus propias cenizas como sinónimo de perfeccionamiento y eternidad, un ave de color rojo citrino como la Piedra. Al igual que nuestro Azufre, el fénix posee una esencia radical muy pura e indestructible, una esencia que, alimentada por el propio fuego de la materia que la envuelve y le sirve de receptáculo, es capaz de crecer y multiplicarse hasta conformar un nuevo individuo. La Obra en sí no es más que una reproducción de este proceso. Tal y como explica Limojon, la materia contiene en sí misma una semilla de pureza que debe ser nutrida por el propio fuego primordial de la materia que lo encierra hasta fusionarse con esta materia y formar un único cuerpo de naturaleza doble más fuerte y puro que el inicial.

Última página manuscrita con anagrama

Finalmente, el artista acota el período del año en el que la Obra es factible de ser realizada. Se trata de la primavera en el hemisferio norte, que comprende los signos de Aries, Tauro y Géminis que aparecen en la parte alta del grabado. Esta necesidad de la primavera la abordé ampliamente en El rastro del dragón, y se basa en diferentes condicionantes tanto cósmicos como atmosféricos que permiten una operación en unas condiciones mínimas de radiación incidente, por lo que la materia puede trabajarse en un estado de mayor sosiego.

Puedes descargar una traducción al español en pdf aquí.

Saulo Ruiz Moreno
08 de diciembre de 2016
Día de la Inmaculada Concepción, de la materia indeterminada
dispuesta a recibir el impulso ordenador de la Quintaesencia

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