“La identidad de Fulcanelli” de Javier Corzo Sánchez

Carlos de Borbon

Javier Corzo Sánchez (Sevilla, 1948) es un ingeniero químico con amplia experiencia en el sector industrial y una gran pasión por descifrar misterios históricos vinculados al esoterismo. Algo debe tener la antigua química técnica que atrae a tantos interesados por el hermetismo durante la edad contemporánea, como me ocurre a mí mismo. Habría que recordar que también han sido ingenieros químicos René Adolphe Schwaller de Lubicz, Jacques Bergier, Henri Coton-Alvart, José Gifreda, Armand Barbault o Patrick Burensteinas entre otros; estudiosos de perfil técnico a los que se sumarían otros como José Antonio Puche Rialt, ingeniero de caminos, o Bernard Roger, arquitecto. No se trata pues de una casualidad, sino de una consecuencia lógica de personas con un amplio conocimiento de la ciencia y mucha curiosidad por los entresijos de la materia, que ha sido una constante en la historia como lo demuestran científicos que buscaron la Piedra como Pierre Curie, Blaise Pascal, Isaac Newton o Tycho Brahe.

La identidad de Fulcanelli

Javier Corzo ya nos había sorprendido con sus pesquisas sobre la firma de Colón (2010) y sobre la estrecha relación entre los orígenes de la masonería y Miguel de Mañara (2014), figura de gran importancia en la Sevilla del siglo XVII; estudios que abordaremos en futuras entradas en este mismo blog. Al igual que en sus libros precedentes, La identidad de Fulcanelli se desarrolla de una manera no condicionada por todo lo que el asunto ya ha suscitado en otros estudios, a los que menciona como aportadores de datos que van a nutrir un amplio abanico de posibilidades sobre las que construir una solución lógica. De esta forma, Corzo comienza por dibujar un retrato robot del alquimista, una persona de la alta sociedad que vive en una época convulsa, alguien muy culto y formado que parece necesitar que alguien rescriba su propia obra, un personaje oscuro que debe ocultar su nombre al gran público por algún tipo de impedimento y que debió frecuentar la costa azul, Sevilla, París y zonas muy exclusivas en la época, como son los palacios de la nobleza europea. De la conjunción de estos datos con lo que destila la bibliografía sobre Dujols, Champagne y Canseliet, Corzo pretende desenmascarar a su Fulcanelli tras la figura de Carlos de Borbón y Borbón, infante de España originario de la ciudad tirolesa (austríaca en su época, en la actualidad italiana) de Bolzano, el Volcaeno latino, por lo que Volcaenelli significaría el pequeño Bolzano, de ahí su seudónimo.

Carlos de Borbón
Carlos de Borbón en 1900

Corzo da explicación con esta identidad a diferentes aspectos que siempre han resultado desconcertantes, como el papel de Canseliet. Para Javier Corzo Canseliet es el encargado de reescribir a un francés correcto el texto original de Carlos de Borbón. Esta tarea habría sido originariamente encargada a Pierre Dujols de Valois, pero su enfermedad se lo impediría y delegaría la encomienda en el joven Canseliet, asiduo a las tertulias esotéricas del grupo pero desconocedor de la identidad real de Fulcanelli en aquel entonces. La relación de Dujols con Carlos se justificaría por el contacto que mantendrían los hermanos Valois con la familia Orleans para que reconocieran su herencia nobiliaria. Carlos estaba casado en segundas nupcias con Luisa de Orleans, hija del conde de París y hermana del duque de Montpensier, que vivía entre Villamanrique de la Condesa y Sevilla. A Canseliet y Champagne los habría conocido a través de Dujols durante sus estancias veraniegas en Cannes, cerca de Marsella.

 

Carlos de Borbón
Carlos de Borbón en 1905

Según esta teoría, quedaría justificada la costosa primera edición de lujo de los libros así como la desaparición de Fulcanelli de la vida de Canseliet durante los convulsos años de la dictadura de Primo de Rivera, la República, la Guerra Civil, la segunda Guerra Mundial y la dictadura de Franco. Canseliet volvería a tener contacto con los herederos de Carlos de Borbón tras su fallecimiento en 1949. Su entierro se llevaría a cabo según el rito antiguo de la Hermandad de la Caridad al igual que ocurriese con Miguel de Mañara. Este vínculo con la Hermandad justificaría su conocimiento e interés por las obras de Valdés Leal, en especial su Finis gloriae mundi, con el que titularía su desconocida tercera obra a la que podrían pertenecer los añadidos escatológicos de las reediciones tanto de El misterio de las catedrales como de Las moradas filosofales. Esta fijación con el fin del mundo y las limitaciones del hombre tan afín a Mañara también se entiende en una persona que ha sufrido la pérdida de un hijo de 28 años en la guerra, el exilio, conflictos políticos, sociales, bélicos. De hecho, la vida de Carlos y Mañara guardan cierto paralelismo.

Entierro de Carlos de Borbón
Cortejo fúnebre de Carlos de Borbón

Sevilla es una de las ciudades más maravillosas y enigmáticas del mundo, una ciudad a la altura de cualquiera de las grandes urbes en cuanto a historia, arte e influencia cultural, política y económica. Ya en los primeros años en los que empecé a investigar Alquimia visitaba Sevilla en busca de documentación y conocí a algunos amantes del Arte que frecuentaban los mismos lugares por los que me había sentido atraído. En todo momento me embargaría la misma sensación: Sevilla ocultaba algo y a alguien. Oía hablar de gente que trabajaba por los alrededores, gente que no quería ser molestada, extranjeros que iban y venían, nombres que nadie se atrevía a pronunciar y que, con el paso de los años, he ido descubriendo en lo que podría ser un listado completo de discípulos de Canseliet, herederos de la escuela de Fulcanelli. Recordemos el interesante Bestiario hermético de la catedral de Sevilla de la mano de Bernard Roger y Jorge Camacho, que abordaremos en un próximo artículo, o la reedición muy limitada, casi secreta, del Typus Mundi que se vendía en exclusiva en una céntrica librería hispalense.

Entierro en El Salvador de Sevilla
Entierro en El Salvador de Sevilla

Pues bien, Canseliet visita Sevilla alrededor de 1953, lo recoge en Madrid un Hispano–Suiza, un coche reservado a personalidades, en especial la realeza, que lo conduce a Sevilla haciendo parada en una finca toledana propiedad de su anfitrión. En Sevilla comenta alojarse en un chalet donde los niños van vestidos con trajes del siglo XVII, como los seises, hablan en francés, como era costumbre de la familia de Orleans, y portaban el toisón de oro; un chalet situado en el bario de Heliópolis. También menciona una casona en un pueblo, coincidente con el palacio de Villamanrique de la condesa. Habría de tenerse en cuenta que España sufre en ese momento un régimen franquista consolidado, por lo que la visita de Canseliet debía haber contado con un buen padrino. Datos estos que confirman a Corzo que Canseliet había ido a Sevilla a recoger parte del legado alquímico de Carlos de Borbón, que se incluirá, al menos en parte, en las reediciones mencionadas de 1957 de El misterio… y de 1958 de Las moradas… A partir de entonces Canseliet sí sería consciente de quién había sido Fulcanelli más allá del maestro con quien se reuniera en la Marsella de principios de siglo XX.

Familia de Carlos de Borbón
Familia del infante Carlos de Borbón

«En cuanto a Fulcanelli, vivo, lo está ciertamente… El tiempo no pasa… Me invitó a volverlo a ver en 1951 y descubrir el lugar secreto donde se encontraba. Yo viajaba por España, no lejos de Sevilla, donde me hospedaba con unos amigos que poseían una bella mansión con terraza y escalera doble hacia el parque. Sentí de pronto a Fulcanelli en el ambiente. Sobretodo cuando descubrí bajo mi ventana –añadiendo al encanto de la escena– la presencia de un niño de unos diez años y una niña pequeña que parecían salidos de un cuadro de Velázquez. Un poni y dos lebreles los acompañaban. Pero, tras una de aquellas largas noches de trabajo que acostumbro a tener, el descubrimiento que hice me pareció más persuasivo si cabe: en un largo paseo con densa vegetación, una joven dama, una reina, caminaba, portando el collar del Toisón de oro y seguida de una dueña. Todo esto muy vivo, muy luminoso. La joven dama me hizo un cálido gesto con la cabeza, y estuve seguro de que Fulcanelli me susurraba “¿me reconoces?”, a lo que le respondí “sí”. Pero no sabría cómo traducir esta certeza…»

Eugène Canseliet en una entrevista de
Henri Rode para la revista Le Grand Albert (nº1) de 1971

A pesar de lo ilusionante de este resultado, la bibliografía está repleta de investigadores en busca de descifrar el secreto de la identidad de Fulcanelli. Un gran escollo a salvar será la no nacionalidad francesa del alquimista, Corzo propone a un personaje verdaderamente cosmopolita, nacido austríaco pero de origen napolitano, nacionalizado español y con un apellido de sobrada raigambre francesa. Por otro lado está el asunto de la edad. Hay un dato citado por Canseliet según el cual Fulcanelli tendría «muy exactamente» la misma edad que su abuela, recién fallecida; lo que situaría su edad de nacimiento alrededor de 1840. Carlos de Borbón nace en 1870, por lo que no se correspondería con dicho dato, un apunte que Corso justifica en lo retorcido y rebuscado de Canseliet, ya que tanto su abuela como Carlos de Borbón mueren con 79 años recién cumplidos, pero en diferentes años.

Otros autores, como Patrick Rivère, se apoyan en este dato para asociar la figura de Fulcanelli a Jules Violle, físico francés nacido en 1841 y fallecido en 1923, poco antes de la publicación de El misterio… Además, Jules Violle es responsable de estudios sobre la luz solar muy cercanos a ciertas ideas que aparecen en los libros de Fulcanelli y su apellido, cercano a violeta, aparece de una forma bastante sugerente algunos juegos de palabras del alquimista. Su perfil académico justificaría su deseo de permanecer en las sombras.

Además de Violle, también se ha propuesto a Camille Flammarion, astrónomo francés nacido en 1942 y fallecido en 1925, si bien su pública creencia en el espiritismo y la reencarnación, de un carácter muy especulativo, no parecen que justifiquen el que no hubiera querido publicar con su nombre los libros firmados por Fulcanelli.

Por otro lado, Canseliet (1899–1982) se descarta a sí mismo por edad y reconoce haberse limitado a dar forma a los libros. Julien de Champagne (1877–1932) firma los dibujos sin seudónimo alguno, por lo que podría haber firmado el texto de haber sido suyo así como había hecho con otros textos alquímicos menores de su autoría. Más sentido tendría que tras el texto se ocultara Pierre Dujols de Valois (1862–1926), pero este ya publicaba con un seudónimo, Magophon, y sus últimos cinco años de vida los vivió postrado en la cama afectado por una artrosis deformante que le habrían impedido viajar de un lado a otro. Es cierto que los textos de Magophon tienen cierta cercanía al estilo de Fulcanelli, pero ni las fechas, ni la calidad de su obra, ni su nivel económico ni su salud parece ser compatible con la gestación de la obra de Fulcanelli.

Otro candidato habitual ha sido René Schwaller de Lubicz (1887–1961), un autor con una producción hermética reconocida y genuina que no encaja en ninguna prueba convincente sobre Fulcanelli a parte de ser un hermetista de renombre y gran sabiduría. Schwaller de Lubicz creía que Fulcanelli era Champagne, si bien son diversas las fuentes que acusan a Champagne de haberse hecho pasar por Fulcanelli en diferentes ocasiones.

En resumen, la identidad de Fulcanelli es difícil que se resuelva de manera contundente a no ser que se encuentren nuevas pruebas que afiancen alguna hipótesis. La creación del seudónimo de Fulcanelli tenía como objeto provocar esta confusión, un juego que Eugène Canseliet ha sabido explotar durante toda su vida, dotando de un aura de misterio todo lo que rodea a la figura del último gran alquimista conocido. Siempre he considerado que lo más importante son las obras, más que las personas, y que con frecuencia conocer a fondo la vida privada de los autores puede desvirtuar las sensaciones que su legado intelectual evoca. No obstante, conocer al hombre también ayuda a entender mejor su obra y la figura de Carlos de Borbón se sitúa en una posición aventajada gracias al brillante estudio de Javier Corzo que animamos a leer.

Noticia del fallecimiento en ABC
Noticia del fallecimiento de Carlos de Borbón en ABC

Ahora bien, si todos estos candidatos, incluido Canseliet, están legalmente fallecidos y enterrados, si se les ha fotografiado con el envejecimiento normal correspondiente una persona de su edad y, en apariencia, no parece que ni la ciencia infusa ni la fuente de juvencia estuvieran a su alcance, ¿dónde quedan el mito y las expectativas suscitadas por quien se supone obtuvo la Piedra filosofal? ¿O acaso el fin de la Alquimia consiste en algo diferente a lo que se suele creer?

Saulo Ruiz Moreno
06 de enero de 2017
Manifestación del azufre a los sabios

13 thoughts on ““La identidad de Fulcanelli” de Javier Corzo Sánchez”

  1. Estimado Saul: Dado que el libro de Corzo sobre la identificación “Fulcanelli / Infante D. Carlos de Borbón” lo aquí casualmente descubrí, y leido ya, me place comunicarte lo sumamente interesante que considero tal obra…que después de muchos años me ha incitado a leer de nuevo al elusivo Hermético Maestro.
    En cierto modo este hallazgo a tus páginas debo. Un cordial saludo.

    1. Me alegro mucho Manuel, ese era el principal objetivo, llamar la atención sobre la interesante obra de Corzo. En cuanto a Fulcanelli, es un autor que hay que releer cada cierto tiempo. Por lo general, soy más de las obras que de los autores, por lo que nunca me había preocupado en demasía de los pormenores de la vida de Fulcanelli, así como de tantos otros. Pero es cierto que ayudan a contextualizar su obra y sus derivaciones.

  2. Sal+dos, desde mi primer libro el misterio de las catedrales acepte el anonimato de fulcanelli y ademas el libro me lo dejo un amigo y es verdad que la tradición dice que la alquimia te elige y pone en tus manos el libro que hará que te enamores de la piedra y la busques y la sueñes y dobles la rodilla para que se te descubra humildemente tal como es la primera vez–fulcanelli nadie sabe quien pueda ser porque no es a el a quien has de buscar y es lo que constantemente le decía a mi amigo y juntos hemos avanzado hasta ser hermanos de la alquimia completando todos los pasos que se tenían que dar en la Espina Dorsal del Cuerpo
    Columnas de los Templos que fulcanelli admiraba tanto…continura…

    1. Totalmente de acuerdo, lo importante son las obras y, en cierta forma, solo aquellos que ya llevan dentro una idea son capaces de extraerla.El libro es la retorta y el estudio la llama que alimenta el proceso.

  3. sal+dos, Saulo el mes pasado pase por Sevilla y no podía irme sin pasar por la Caridad, compre la Guía y en mí casa la he leído y también la Web…la sorpresa fue mayúscula porque en el 2002, compre el libro “Finis Glorae Mundi” y no aparecía el nombre de Miguel Mañara por ningún sitio, toda la gloria para Valdés Leal…
    Fulcanelli comienza el tratado “Finis Glorae Mundi”-El hospital de la Santa Caridad de Sevilla conserva un muy curioso cuadro de Juan de Valdés Leal,que no dudaríamos en calificar como filosófico…Los artistas españoles y especialmente Juan de Valdés Leal transmitieron los secretos de la obra a través de temas religiosos y, más raramente, picarescos. Finis Gloriae Mundi representa, sin duda alguna al respecto, el mensaje más acabado de la escuela hermética sevillana…Si el cuadro de Valdés Leal tiene un sentido muy preciso…la elección de los personajes implica una advertencia de las más ocultas que hubiera sido…Vemos a un obispo, a un caballero que, como atestigua la bandera que lo cubre, perteneció a una de las órdenes religiosas militares, Calatrava, San Juan o Santiago…y a un hombre sin atributos particulares…Se trata de las tres maestrías necesarias al obrero en la conducta del arte, la del ars sacer, la de la iniciación caballeresca o ars regis, finalmente la del compagnon realizado o magisterio. Con esta elección Juan de Valdés Leal sugiere que, a una mayor escala, los procesos alquímicos se aplican a las sociedades humanas….en cuanto a la lectura alquímica que debe hacerse de él; si lo interpretamos así aparece entonces como una obra mayor del filósofo químico que seguramente fue Juan de Valdés Leal…¿¿¿…Fulcanelli fue a Sevilla a ver el hospital de la Santa Caridad…???..¿¿¿…hizo el tratado con una fotografía del cuadro…???…de sobras sabemos lo meticuloso que era con el Arte Sagrado…
    sí hubiera empezado el tratado de esta manera…
    Miguel Mañara quiso, decorar la capilla dejando un mensaje muy claro a los fieles. , Y para hacerlo encargó cuadros de inestimable valor a grandes autores de la época; Juan de Valdés Leal, Murillo, y Roldán. La lectura iconográfica de la capilla se divide en 3 partes esenciales: la primera zona del bajo coro con los llamados “Jeroglíficos de la Muerte” que transmiten el mensaje de la fugacidad de la vida. La segunda con las obras de misericordia. La tercera nos habla de la importancia de la humildad…-Es necesario señalar que casi todas las obras de la iglesia, ya sean retablos, esculturas o pinturas, forman parte de un programa iconografico ideado por Miguel Mañara…la reflexión de la imagen ideada por Miguel Mañara, comienza en el “sotocoro”,donde sus paredes laterales se disponen las pinturas que representan “los jeroglíficos de las postrimerías” ( “In Ictu Oculi”,“Finis Gloriae Mundi,-Mañara pidio a Valdés Leal que le representase a él mismo muerto en la pintura y por ello ha de ser el caballero que yace a la izquierda , envuelto en su hábito de la Orden de Calatrava”….Estás pinturas fueron encargadas a Juan de Valdés Leal,-por MIGUEL MAÑARA, QUIEN FUE SIN DUDA EL INSPIRADOR DE SU CONTENIDO….
    ( Guia de la Santa Caridad, texto de Enrique Valdivieso.)
    y creo que por todos estos errores este tratado no está hecho por la misma mano que El Misterio de las Catedrales y Las Moradas Filosofales y por supuesto que nunca estuvo Fulcanelli en Sevilla…
    gracias Saulo por adelantado

    1. Buenas Silvestre. Es cierto que diferentes fuentes citan un tratado inédito de Fulcanelli titulado Finis gloriae mundi, como el cuadro de Valdés Leal. Por otro lado, la iglesia de San Jorge del Hospital de la Caridad está repleta de contenido hermético. No obstante, tal y como supones, el libro publicado recientemente con dicho título no debe corresponder con el original de Fulcanelli (por muchas cuestiones).

      Respecto a la estancia de Fulcanelli en Sevilla, habría que tener en cuenta que Fulcanelli nombra muy pocas ciudades en sus obras, y sin embargo lo hace con Sevilla al mencionar al San Cristóbal de la catedral. Sí es posible que visitase la ciudad a principios del siglo XX, con independencia de los enigmas que más tarde dejara Canseliet. Curiosamente, Sevilla es una ciudad que aparece muchas veces en el misterioso entorno de Fulcanelli, y ha acogido a algunos de sus discípulos más directos, hasta el presente.

      En cuanto a Mañara y Valdés Leal. Los escritos de Mañara no parecen demasiado herméticos. Sin embargo, las pinturas de Valdés Leal sí que son muy jeroglíficas y su padrastro, Pedro de Silva, es denominado alquimista o platero por la documentación. La pintura sevillana del barroco es rica en enigmas filosóficos y uno de los maestros de Valdés Leal, Herrera el Viejo, también es reconocible por sus gustos herméticos. Es muy probable que el diseño general de la iglesia fuera dirigido por Mañara pero que Valdés Leal dejara su impronta.

      Un saludo

  4. Sal+dos…Saulo, con está platica lo doy por terminado y gracias por tú buen corazón y aguantarme.
    .-“Finis Gloria Mundi”…como Simbologia también se puede imaginar …
    .-”Osiris pesando los Corazones de las Almas de los tres Muertos”
    …-Dios, tiene un plan para todo ser viviente…que nadie se imagina lo que puede ser:
    .-La Iniciación de la Via Humeda: Mercurio, Azufre, Sal.-Mercurio de los Filósofos, Azufre de los Filósofos, Sal de los Filósofos.
    (más larga, llena de tratados oscuros, símbolos, y poca ayuda de los maestros por temor a Dios de su revelación,)-(muchos sopladores)
    .-La Iniciación de la Via Seca: La Piedra, La Piedra de los Filósofos, La Piedra Filosofal,.-(Cristo)
    (más corta, también conocida “de los Pastores”, pocos tratados pero muy buenos y “como un juego del escondite para encontrarla” y “con la primera ya tienes dos que es el Fuego para Cocerla”.)
    .-El Consejo de los maestros lara las dos Vias: Ora, Lee, Lee, Relee, Ora…pídeselo a Dios y te lo concedera por caridad…
    .—Citas del Venerable Miguel Mañara:
    .-Para seguir a Cristo y acompañarle hasta la Cruz hay que despojarse de los lujos y vanidades del mundo.
    .-Señor Jesucristo, danos a beber de tu agua viva, fuente de vida eterna. Danos a beber el Cáliz de tu Pasión para compartir tu Muerte y Resurrección.
    .-Señor Jesucristo, Pan Vivo bajado del Cielo, danos diligencia para alimentar a los hambrientos y danos hambre del Sacramento de tu Cuerpo y tu Sangre, sacrificio y presencia, prenda de la Gloria futura. Concédenos la gracia de amarte, desearte, adorarte y recibirte en el Santísimo Sacramento del Altar, y que el don de tu Sacramento aumente en nosotros la virtud de la caridad.
    .-“Libre albedrío tienes, elige, que para coronar Dios tus obras y para que tengan mérito, te pone en libertad: elige, porque has de morir y al salir tu alma de ese tu cuerpo, en que ahora habita, le tomarán estrecha cuenta de los pasos que ha dado en estos Montes, que todos te los tienen contados y ellos te llevarán al fin donde se encaminaron. Quiera la gran misericordia de Dios y su paternal piedad, vayan a parar a Él mismo adonde descanses, Amén.” (Discurso de la Verdad).

  5. -.Miguel Mañara nació en el seno de una familia aristócrata, recibió desde la infancia la educación propia, entrando con sólo ocho años a la Orden de Calatrava y a los diez años al estado de Caballero. Cumplidos los trece años y tras fallecer sus hermanos mayores, pasa a ser heredero del mayorazgo, su existencia en la primera parte de su vida estuvo condicionada por su clase social, y él mismo llegó a confesar en su madurez que llevó una vida en la que el mundo y sus deleites interesaron por encima de cualquier inquietud espiritual. En 1648, contrajo matrimonio y en años sucesivos ocupó cargos principales en el gobierno de la ciudad. Una fecha crucial cambió por completo la trayectoria de la existencia, en el año 1661 falleció su esposa Jeronima y está circunstancia afecto intensamente su espíritu, parece como si un designio divino hubiera señalado la frontera entre dicha fecha y su vida posterior, ya que a partir de ese momento hubo un antes y un después, sufrió una profunda transformación, imbuyéndose en una intensa espiritualidad, ya que desde entonces, como si una luz hubiera inundado su alma, retirándose como ermitaño a la sierra de Ronda. Después de varios meses transcurridos en soledad, templado por la práctica de ascetismo, volvió a Sevilla como hombre profundamente renovado, dispuesto a llevar a cabo una labor grata a Dios y a satisfacer las exigencias de su conciencia, que su salvación sólo se obtendría entregando su vida a los demás, a través de las obras de misericordia, renunció a los privilegios que le concedía su alta condición social y entrego su fortuna a los menesterosos, Mañara tenía solo 34 años en el momento de su conversión. En aquel tiempo descubrió el trabajo silencioso y humilde llevado a cabo por la Hermandad de la Santa Caridad e insistió para ser acogido como hermano. Consciente de las penurias y dificultades de los más humildes empezó a proponer fórmulas para el auxilio de los desheredados que, si bien compartidas por los demás hermanos, no eran realizables con los medios de la hermandad. Elegido Hermano Mayor en 1663, cargo que ostentaría hasta la muerte, promovió primero el hospicio y finalmente el hospital de la Santa Caridad. Gracias a su humildad, determinación y gran capacidad, Miguel Maraña le dio un gran impulso al trabajo de la Hermandad redactando un nuevo reglamento y construyendo la iglesia de San Jorge y tres salas más para el hospital; convirtiéndose en el refundador de la hermandad de la Santa Caridad, “Una de las obras de caridad repetidas casi a diario por Miguel Mañara era la de recoger a los mendigos enfermos de la calles sevillanas y llevarlos a cuestas, embozados en su capa, hasta el Hospital de la Santa Caridad, donde quedaban asilados y atendidos. Los últimos momentos de su existencia en 1667 decidió abandonar su espléndida residencia para pasar a vivir en una modesta casa en las proximidades del Hospital, pensaba que así podría estar más a disposición dude las necesidades que la nueva edificación y sus funciones le iban demandando, su celo y entrega aumentaron cuando en 1674 decidió vivir en el propio edificio como un asilado más, para ello habilitó unas humildes habitaciones dispuestas sobre la sacristía de la iglesia. Allí despojado de todo bienestar y entregado en cuerpo y alma a la tarea del buen funcionamiento del Hospital, murió el 9 de mayo de 1679.

  6. De los comentarios de Silvestre ni siquiera me queda claro que haya leído mi trabajo sobre Fulcanelli. Por supuesto, es seguro que no conoce mi libro sobre Mañara donde creo que se responde a alguna de sus cuestiones.

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