“La identidad de Fulcanelli” de Javier Corzo Sánchez

Carlos de Borbon

Javier Corzo Sánchez (Sevilla, 1948) es un ingeniero químico con amplia experiencia en el sector industrial y una gran pasión por descifrar misterios históricos vinculados al esoterismo. Algo debe tener la antigua química técnica que atrae a tantos interesados por el hermetismo durante la edad contemporánea, como me ocurre a mí mismo. Habría que recordar que también han sido ingenieros químicos René Adolphe Schwaller de Lubicz, Jacques Bergier, Henri Coton-Alvart, José Gifreda, Armand Barbault o Patrick Burensteinas entre otros; estudiosos de perfil técnico a los que se sumarían otros como José Antonio Puche Rialt, ingeniero de caminos, o Bernard Roger, arquitecto. No se trata pues de una casualidad, sino de una consecuencia lógica de personas con un amplio conocimiento de la ciencia y mucha curiosidad por los entresijos de la materia, que ha sido una constante en la historia como lo demuestran científicos que buscaron la Piedra como Pierre Curie, Blaise Pascal, Isaac Newton o Tycho Brahe.

La identidad de Fulcanelli

Javier Corzo ya nos había sorprendido con sus pesquisas sobre la firma de Colón (2010) y sobre la estrecha relación entre los orígenes de la masonería y Miguel de Mañara (2014), figura de gran importancia en la Sevilla del siglo XVII; estudios que abordaremos en futuras entradas en este mismo blog. Al igual que en sus libros precedentes, La identidad de Fulcanelli se desarrolla de una manera no condicionada por todo lo que el asunto ya ha suscitado en otros estudios, a los que menciona como aportadores de datos que van a nutrir un amplio abanico de posibilidades sobre las que construir una solución lógica. De esta forma, Corzo comienza por dibujar un retrato robot del alquimista, una persona de la alta sociedad que vive en una época convulsa, alguien muy culto y formado que parece necesitar que alguien rescriba su propia obra, un personaje oscuro que debe ocultar su nombre al gran público por algún tipo de impedimento y que debió frecuentar la costa azul, Sevilla, París y zonas muy exclusivas en la época, como son los palacios de la nobleza europea. De la conjunción de estos datos con lo que destila la bibliografía sobre Dujols, Champagne y Canseliet, Corzo pretende desenmascarar a su Fulcanelli tras la figura de Carlos de Borbón y Borbón, infante de España originario de la ciudad tirolesa (austríaca en su época, en la actualidad italiana) de Bolzano, el Volcaeno latino, por lo que Volcaenelli significaría el pequeño Bolzano, de ahí su seudónimo.

Carlos de Borbón
Carlos de Borbón en 1900

Corzo da explicación con esta identidad a diferentes aspectos que siempre han resultado desconcertantes, como el papel de Canseliet. Para Javier Corzo Canseliet es el encargado de reescribir a un francés correcto el texto original de Carlos de Borbón. Esta tarea habría sido originariamente encargada a Pierre Dujols de Valois, pero su enfermedad se lo impediría y delegaría la encomienda en el joven Canseliet, asiduo a las tertulias esotéricas del grupo pero desconocedor de la identidad real de Fulcanelli en aquel entonces. La relación de Dujols con Carlos se justificaría por el contacto que mantendrían los hermanos Valois con la familia Orleans para que reconocieran su herencia nobiliaria. Carlos estaba casado en segundas nupcias con Luisa de Orleans, hija del conde de París y hermana del duque de Montpensier, que vivía entre Villamanrique de la Condesa y Sevilla. A Canseliet y Champagne los habría conocido a través de Dujols durante sus estancias veraniegas en Cannes, cerca de Marsella.

 

Carlos de Borbón
Carlos de Borbón en 1905

Según esta teoría, quedaría justificada la costosa primera edición de lujo de los libros así como la desaparición de Fulcanelli de la vida de Canseliet durante los convulsos años de la dictadura de Primo de Rivera, la República, la Guerra Civil, la segunda Guerra Mundial y la dictadura de Franco. Canseliet volvería a tener contacto con los herederos de Carlos de Borbón tras su fallecimiento en 1949. Su entierro se llevaría a cabo según el rito antiguo de la Hermandad de la Caridad al igual que ocurriese con Miguel de Mañara. Este vínculo con la Hermandad justificaría su conocimiento e interés por las obras de Valdés Leal, en especial su Finis gloriae mundi, con el que titularía su desconocida tercera obra a la que podrían pertenecer los añadidos escatológicos de las reediciones tanto de El misterio de las catedrales como de Las moradas filosofales. Esta fijación con el fin del mundo y las limitaciones del hombre tan afín a Mañara también se entiende en una persona que ha sufrido la pérdida de un hijo de 28 años en la guerra, el exilio, conflictos políticos, sociales, bélicos. De hecho, la vida de Carlos y Mañara guardan cierto paralelismo.

Entierro de Carlos de Borbón
Cortejo fúnebre de Carlos de Borbón

Sevilla es una de las ciudades más maravillosas y enigmáticas del mundo, una ciudad a la altura de cualquiera de las grandes urbes en cuanto a historia, arte e influencia cultural, política y económica. Ya en los primeros años en los que empecé a investigar Alquimia visitaba Sevilla en busca de documentación y conocí a algunos amantes del Arte que frecuentaban los mismos lugares por los que me había sentido atraído. En todo momento me embargaría la misma sensación: Sevilla ocultaba algo y a alguien. Oía hablar de gente que trabajaba por los alrededores, gente que no quería ser molestada, extranjeros que iban y venían, nombres que nadie se atrevía a pronunciar y que, con el paso de los años, he ido descubriendo en lo que podría ser un listado completo de discípulos de Canseliet, herederos de la escuela de Fulcanelli. Recordemos el interesante Bestiario hermético de la catedral de Sevilla de la mano de Bernard Roger y Jorge Camacho, que abordaremos en un próximo artículo, o la reedición muy limitada, casi secreta, del Typus Mundi que se vendía en exclusiva en una céntrica librería hispalense.

Entierro en El Salvador de Sevilla
Entierro en El Salvador de Sevilla

Pues bien, Canseliet visita Sevilla alrededor de 1953, lo recoge en Madrid un Hispano–Suiza, un coche reservado a personalidades, en especial la realeza, que lo conduce a Sevilla haciendo parada en una finca toledana propiedad de su anfitrión. En Sevilla comenta alojarse en un chalet donde los niños van vestidos con trajes del siglo XVII, como los seises, hablan en francés, como era costumbre de la familia de Orleans, y portaban el toisón de oro; un chalet situado en el bario de Heliópolis. También menciona una casona en un pueblo, coincidente con el palacio de Villamanrique de la condesa. Habría de tenerse en cuenta que España sufre en ese momento un régimen franquista consolidado, por lo que la visita de Canseliet debía haber contado con un buen padrino. Datos estos que confirman a Corzo que Canseliet había ido a Sevilla a recoger parte del legado alquímico de Carlos de Borbón, que se incluirá, al menos en parte, en las reediciones mencionadas de 1957 de El misterio… y de 1958 de Las moradas… A partir de entonces Canseliet sí sería consciente de quién había sido Fulcanelli más allá del maestro con quien se reuniera en la Marsella de principios de siglo XX.

Familia de Carlos de Borbón
Familia del infante Carlos de Borbón

«En cuanto a Fulcanelli, vivo, lo está ciertamente… El tiempo no pasa… Me invitó a volverlo a ver en 1951 y descubrir el lugar secreto donde se encontraba. Yo viajaba por España, no lejos de Sevilla, donde me hospedaba con unos amigos que poseían una bella mansión con terraza y escalera doble hacia el parque. Sentí de pronto a Fulcanelli en el ambiente. Sobretodo cuando descubrí bajo mi ventana –añadiendo al encanto de la escena– la presencia de un niño de unos diez años y una niña pequeña que parecían salidos de un cuadro de Velázquez. Un poni y dos lebreles los acompañaban. Pero, tras una de aquellas largas noches de trabajo que acostumbro a tener, el descubrimiento que hice me pareció más persuasivo si cabe: en un largo paseo con densa vegetación, una joven dama, una reina, caminaba, portando el collar del Toisón de oro y seguida de una dueña. Todo esto muy vivo, muy luminoso. La joven dama me hizo un cálido gesto con la cabeza, y estuve seguro de que Fulcanelli me susurraba “¿me reconoces?”, a lo que le respondí “sí”. Pero no sabría cómo traducir esta certeza…»

Eugène Canseliet en una entrevista de
Henri Rode para la revista Le Grand Albert (nº1) de 1971

A pesar de lo ilusionante de este resultado, la bibliografía está repleta de investigadores en busca de descifrar el secreto de la identidad de Fulcanelli. Un gran escollo a salvar será la no nacionalidad francesa del alquimista, Corzo propone a un personaje verdaderamente cosmopolita, nacido austríaco pero de origen napolitano, nacionalizado español y con un apellido de sobrada raigambre francesa. Por otro lado está el asunto de la edad. Hay un dato citado por Canseliet según el cual Fulcanelli tendría «muy exactamente» la misma edad que su abuela, recién fallecida; lo que situaría su edad de nacimiento alrededor de 1840. Carlos de Borbón nace en 1870, por lo que no se correspondería con dicho dato, un apunte que Corso justifica en lo retorcido y rebuscado de Canseliet, ya que tanto su abuela como Carlos de Borbón mueren con 79 años recién cumplidos, pero en diferentes años.

Otros autores, como Patrick Rivère, se apoyan en este dato para asociar la figura de Fulcanelli a Jules Violle, físico francés nacido en 1841 y fallecido en 1923, poco antes de la publicación de El misterio… Además, Jules Violle es responsable de estudios sobre la luz solar muy cercanos a ciertas ideas que aparecen en los libros de Fulcanelli y su apellido, cercano a violeta, aparece de una forma bastante sugerente algunos juegos de palabras del alquimista. Su perfil académico justificaría su deseo de permanecer en las sombras.

Además de Violle, también se ha propuesto a Camille Flammarion, astrónomo francés nacido en 1942 y fallecido en 1925, si bien su pública creencia en el espiritismo y la reencarnación, de un carácter muy especulativo, no parecen que justifiquen el que no hubiera querido publicar con su nombre los libros firmados por Fulcanelli.

Por otro lado, Canseliet (1899–1982) se descarta a sí mismo por edad y reconoce haberse limitado a dar forma a los libros. Julien de Champagne (1877–1932) firma los dibujos sin seudónimo alguno, por lo que podría haber firmado el texto de haber sido suyo así como había hecho con otros textos alquímicos menores de su autoría. Más sentido tendría que tras el texto se ocultara Pierre Dujols de Valois (1862–1926), pero este ya publicaba con un seudónimo, Magophon, y sus últimos cinco años de vida los vivió postrado en la cama afectado por una artrosis deformante que le habrían impedido viajar de un lado a otro. Es cierto que los textos de Magophon tienen cierta cercanía al estilo de Fulcanelli, pero ni las fechas, ni la calidad de su obra, ni su nivel económico ni su salud parece ser compatible con la gestación de la obra de Fulcanelli.

Otro candidato habitual ha sido René Schwaller de Lubicz (1887–1961), un autor con una producción hermética reconocida y genuina que no encaja en ninguna prueba convincente sobre Fulcanelli a parte de ser un hermetista de renombre y gran sabiduría. Schwaller de Lubicz creía que Fulcanelli era Champagne, si bien son diversas las fuentes que acusan a Champagne de haberse hecho pasar por Fulcanelli en diferentes ocasiones.

En resumen, la identidad de Fulcanelli es difícil que se resuelva de manera contundente a no ser que se encuentren nuevas pruebas que afiancen alguna hipótesis. La creación del seudónimo de Fulcanelli tenía como objeto provocar esta confusión, un juego que Eugène Canseliet ha sabido explotar durante toda su vida, dotando de un aura de misterio todo lo que rodea a la figura del último gran alquimista conocido. Siempre he considerado que lo más importante son las obras, más que las personas, y que con frecuencia conocer a fondo la vida privada de los autores puede desvirtuar las sensaciones que su legado intelectual evoca. No obstante, conocer al hombre también ayuda a entender mejor su obra y la figura de Carlos de Borbón se sitúa en una posición aventajada gracias al brillante estudio de Javier Corzo que animamos a leer.

Noticia del fallecimiento en ABC
Noticia del fallecimiento de Carlos de Borbón en ABC

Ahora bien, si todos estos candidatos, incluido Canseliet, están legalmente fallecidos y enterrados, si se les ha fotografiado con el envejecimiento normal correspondiente una persona de su edad y, en apariencia, no parece que ni la ciencia infusa ni la fuente de juvencia estuvieran a su alcance, ¿dónde quedan el mito y las expectativas suscitadas por quien se supone obtuvo la Piedra filosofal? ¿O acaso el fin de la Alquimia consiste en algo diferente a lo que se suele creer?

Saulo Ruiz Moreno
06 de enero de 2017
Manifestación del azufre a los sabios

5 thoughts on ““La identidad de Fulcanelli” de Javier Corzo Sánchez”

  1. Estimado Saul: Dado que el libro de Corzo sobre la identificación “Fulcanelli / Infante D. Carlos de Borbón” lo aquí casualmente descubrí, y leido ya, me place comunicarte lo sumamente interesante que considero tal obra…que después de muchos años me ha incitado a leer de nuevo al elusivo Hermético Maestro.
    En cierto modo este hallazgo a tus páginas debo. Un cordial saludo.

    1. Me alegro mucho Manuel, ese era el principal objetivo, llamar la atención sobre la interesante obra de Corzo. En cuanto a Fulcanelli, es un autor que hay que releer cada cierto tiempo. Por lo general, soy más de las obras que de los autores, por lo que nunca me había preocupado en demasía de los pormenores de la vida de Fulcanelli, así como de tantos otros. Pero es cierto que ayudan a contextualizar su obra y sus derivaciones.

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