«De lapide philosophorum» de Lux Roris

rocío

De lapide philosophorum. Cómo se hace la piedra filosofal
Lux Roris
Biblioteca Ephimera

Un misterioso hallazgo

Los amantes de la alquimia estamos de enhorabuena por la iniciativa de Biblioteca Ephimera de sacar a la luz tratados inéditos, por difundir su mensaje más allá de los estrechos recintos académicos y ayudar al estudio racional del oscuro legado de los alquimistas.

De lapide philosophorum
De lapide philosophorum

Lo primero que llama la atención de este opúsculo es el estudio preliminar de la colección que encabeza, así como la propia historia del devenir del tratado. Según parece, el texto procede de una biblioteca secreta que habría pertenecido a Pierre Blanchard Maestre, comerciante francés de madre española y adepto alquimista que habría decidido desaparecer en 1917. Posteriormente su mujer, Amelia, se traslada a Andalucía donde fallecerá a edad avanzada sin que nadie sospeche en el pueblo nada de su pasado. En 2014, un tal Luis Temprano –¿acaso madrugador como el gallo?–, se pone en contacto con Mar Rey Bueno, doctora en Farmacia por la UCM y autora del prólogo, debido a que era la comisaria de una exposición denominada Bibliotheca Magica, con objeto de ofrecerle un baúl con viejos documentos esotéricos. De esta manera Mar y sus compañeros se hacen con lo que quedaba de la misteriosa biblioteca de Blanchard.

Entre los textos encontrados se citan dos pliegos sueltos, en uno ponía «original enviado por Rita Arañó», en referencia a Rita Arañó y Peydro, escritora próxima a la espiritista sevillana Amalia Domingo Soler (1835-1909); y en el otro pliego se reproducía una copia de una carta de 1898 enviada por Blanchard al célebre estudioso de la alquimia española José Ramón de Luanco (1825-1905). La carta se transcribe en la introducción del libro en un español muy contemporáneo, donde se explica la recepción por parte de Blanchard del misterioso manuscrito desde Barcelona; documento que se habría enviado también a Luanco junto con la carta original. Con estos pliegos la prologuista introduce el texto principal de De lapide philosophorum, con lo que aclara que la autoría no corresponde a Blanchard, sino que se trata de un tratado anónimo que estuvo en su poder y que, quizás, se deba a la pluma de Arañó pero firmado con el pseudónimo Lux Roris, «luz del rocío». Habría sido interesante aportar algún escrito o reseña biográfica de Rita Arañó, que habría puesto en contexto el pensamiento de esta escritora y su tiempo, si bien Mar Rey en otra publicación ya advirtió de la escasa información que queda de ella.

No deja de ser curioso que en la bibliografía no exista ninguna mención por parte de Luanco ni a la carta, ni al texto de Lux Roris, ni a Blanchard; si bien estos particulares se excusan por la avanzada edad del ilustre asturiano, fallecido en 1905. El famoso libro de José Ramón de Luanco La alquimia España se publica en dos tomos en 1889 y 1897, por lo que la fecha de 1898 en que se envía la carta es muy oportuna para esquivar su reseña por parte de Luanco, si bien el profesor debía mantenerse lúcido y activo. Tampoco se aclara la utilidad para Blanchard de conservar la copia de una carta enviada por él a Luanco; pero al lector sí que le ayuda a comprender la intrigante historia propuesta en De lapide philosophorum.

Por lo tanto, el libro se basa supuestamente en un manuscrito decimonónico que no aparece reproducido en ningún momento de manera íntegra, una elección de publicación que creo poco conveniente, ya que habría sido mejor reeditar el documento original, bien como facsímil, bien como texto transcrito, y apoyar su estudio con llamadas al pie de página. Sin embargo, el método elegido confunde las autorías del texto original con la del comentarista, en este caso Miguel López Pérez, doctor en Historia Moderna y gran conocedor del mundo alquímico.

¿Quién se esconde tras el pseudónimo?

A pesar de estas salvedades, hay que tener en cuenta que tanto López Pérez como Rey Bueno son dos estudiosos de la alquimia muy reconocidos y con una trayectoria académica muy seria, por lo que su firma garantiza la honradez, calidad y exactitud del estudio y sus referencias.

Respecto al libro en su conjunto, este recurso literario de embrollar la presentación de un documento misterioso que termina resultando en un diálogo filosófico entre un ponente anónimo guardián de un secreto y un comentarista aventajado resulta, por otra parte, muy frecuente en la literatura alquímica; además de las bondades didácticas del recurso, es una manera cómoda de proponer un texto propio al tiempo que se descarga la responsabilidad del contenido en un autor inexistente; esta falta de autoría clara suele ocultar un deseo de anonimato bien por tranquilidad, por no querer dar más explicaciones, o por no ser compatibles los asuntos alquímicos con la posición social del escritor.

Pierre Blanchard Maestre
Pierre Blanchard Maestre hacia 1885

Recordemos que Hermes era el dios de los comerciantes, y que es posible que Pierre Blanchard Maestre no sea más que el seudónimo de un maestro hermético en blanquear la Piedra; maestro que estaría en posesión de la luz del rocío, del azufre mágico que esconde el mercurio filosófico. De esta forma, como suele ocurrir, cuanto más directo es un texto más oscuro será y la lectura de este opúsculo debería ajustarse a la necesaria cábala con la que en realidad se presentan unos resultados operativos propios de manera soterrada, algo que resulta muy hermético y ciertamente seductor.

Demasiados aspectos de este libro resuenan a modernidad y a artificio.  Incluso se podría dudar de la autenticidad del grabado con el retrato de Blanchard, cuyo trazo y figura resultan más actuales que decimonónicos –una opinión contrastada con grabadores actuales–; con independencia de que se data en una fecha, 1885, en que la fotografía era cada vez más común. Estos aspectos podrían ser fácilmente confirmados o descartados por los depositarios del manuscrito, bastaría con presentar los originales.

Cómo se hace la piedra filosofal

En este punto, ya que se trata de un tratado alquímico, con independencia de su autoría y fecha de elaboración habría que tener en cuenta que la alquimia no es ni farmacopea ni química; y que su objetivo no es la obtención de un remedio sanador. Sin embargo, las operaciones detalladas en este libro consisten en una sucesión de preparaciones químicas, con meros compuestos químicos, destinadas a obtener un remedio sanador. Tal y como se describen, no se puede obtener un resultado más que químico de estas operaciones.

De lapide philosophorum ofrece una suerte de recetario. Un esquema de operación pero, en ningún caso, una explicación del mundo ni de la estructura de la materia. Cualquiera que se acerque a la lectura de Les Clefs de la philosophie spagyrique de Le Breton, percibirá que en sus páginas el autor describe los comportamientos generales de los cuerpos naturales y lo que en ellos provocan las operaciones fisicoquímicas. Le Breton no ofrece una receta para la obtención de un remedio farmacológico porque no es su objetivo. Cuando aborda la calcinación, explica qué le ocurre a una sustancia que se somete a este proceso de manera general, sea cual sea la sustancia; de igual forma para el resto de las operaciones básicas que se pueden realizar sobre la materia, que enumera y estudia no porque se tengan que realizar forzosamente una tras de otra en todo proceso, sino porque son las operaciones que se pueden hacer sobre una sustancia. Cosa diferente es que luego comente el particular de la operación de la Piedra basado en estos principios.

Por el contrario, el breve tratado del pseudo Lulio, La Clavícula, sí es más próximo a un recetario que a un escrito filosófico. Habría que tener en cuenta que la propia elección del pseudónimo Llull en la publicación de La Clavícula se haría para darle prestigio a un texto que de otra manera no habría llamado tanto la atención. Con independencia del valor experimental del documento y su relevancia en la historia de la ciencia; su importancia en el desarrollo y trasmisión del pensamiento alquímico es sensiblemente inferior. El texto comienza con una buena intención de instruir en la ciencia según unos principios claros, pero a medida que avanza el contenido se presenta carente de aclaraciones sobre los principios naturales que gobiernan las operaciones descritas y el documento queda huérfano de sentido filosófico. Posiblemente el autor tenía bien asentadas las ideas iniciales y algunas operaciones de laboratorio y dejó plasmado hasta donde alcanzaba su conocimiento teórico y práctico. Si esto es así, ¿por qué Lux Roris lo elige como referencia?

Por todo esto, me ha faltado encontrar en De lapide philosophorum algo más que una receta, me ha faltado un discurso filosófico que permita hallar un sentido a la naturaleza y a las virtudes de la Piedra, que es lo que más se demanda a las mentes brillantes capaces de sacarnos de la caverna. No obstante, es un interesante resumen operacional que puede ser de mucha utilidad a quien se adentre en el laboratorio, ya que proporciona una guía precisa de los intermediarios que la operación puede ir generando y que tanta confusión provoca en el neófito.

Saulo Ruiz Moreno
29 de junio de 2017
Día del doctor Iluminado, el beato Raimundo Lulio

One thought on “«De lapide philosophorum» de Lux Roris”

  1. Un buen comentario y buenos razonamientos.
    La piedra, que se haya demostrado, nadie la ha hecho. Hoy en dia tal como esta el mundo ya abria salido a la luz. El secreto solo sirve para encubrir el fracaso. ¿No es mucho mas interesante conseguir la sanacion de estas terribles enfermedades que azotan al ser humano?
    Con la alquimia, con la espagiria. Este dificil por no decir imposible trabajo tendria una gran utilidad y serviria para una mejor y larga vida que es de lo que se trata.
    Querer ser como Dios nos podemos olvidar y el que no se lo crea cuando le llegue el momento ya lo sabra, el no, lo sabran los que se quedan. Un saludo y felicidades por el escrito

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