Menga, lugar sagrado

El dolmen de Menga es un monumento megalítico único, declarado Patrimonio de la Humanidad en 2016, que preside el Campo de Túmulos de Antequera (Málaga) desde hace, al menos, 5.700 años. Se trata de un edificio colosal que, a pesar del paso de los siglos, todavía conserva su magnificencia y extraordinario atractivo y que ha suscitado multitud de incógnitas sobre su obra, ya que cualquier dimensión que se considere tiene una magnitud abrumadora: bloques pétreos de hasta 150 toneladas, una longitud total de 27,5m, vanos de hasta 6m de anchura cubiertos por una sola cobija y una altura media de 3,5m en toda una galería que se presenta completamente recubierta por un túmulo de 50m de diámetro.

Entrada del dolmen de Menga.

La primera monografía conocida, redactada por el arquitecto malagueño Rafael Mitjana y Ardison en 1847, lo definía con claridad como Memoria sobre el templo druida hallado en las cercanías de la ciudad de Antequera; sin embargo, en la actualidad siempre se lo califica como sepulcro. Sin embargo, no todas las construcciones que albergan cadáveres son sepulcros o necrópolis. En nuestras catedrales abundan los nichos y las tumbas cuando su principal función es la del culto y la trasmisión de conocimientos sobre la concepción del mundo según la doctrina que se considere. De todos modos, sin descartar la idea de que el objeto principal de cualquier dolmen se asemeje al de un mausoleo, después de estudiarlos desde diferentes puntos de vista, nos parece innegable que existen en su diseño elementos filosóficos suficientes como para considerarlos lugares de trasmisión de conocimiento a los que se preveía un acceso y uso recurrentes, algo más parecido al objeto referido anteriormente para un templo o un santuario; al menos en aquellos de mayor envergadura, si bien algunos dolmenes más discretos pudieran asimilarse más a los usos de nuestras capillas, ermitas o panteones.

Motivos del diseño
Peña de los enamorados desde el interior del dolmen.

Desde este punto de vista, Menga hay que analizarlo como un lugar sagrado, tanto en cuanto a su diseño como a su ubicación. En términos generales, los lugares sagrados están condicionados por el terreno donde se levantan más que porque desde ellos se vea, a lo lejos, algún lugar representativo. Es más, cuando hay un punto importante para la comunidad, lo normal es erigir el edificio sagrado en el propio punto representativo o, en algunos casos, en un lugar de observación único o privilegiado frente a elementos externos, como astros u otros accidentes geográficos. Esto nos hace pensar que el vínculo que últimamente se está estableciendo entre la ubicación y orientación del dolmen de Menga respecto a la Peña de los Enamorados, es poco consistente, más aún después de haber estudiado otras tantas edificaciones del megalitismo y comprobar que su diseño es mucho más profundo que el simple oteo de un monte; incluso siendo este un monte sagrado. El hombre megalítico mantenía una íntima comunión con su entorno y el Universo, de manera que sus obras siempre se hallarán condicionadas por tres factores trascendentes:

Interior del dolmen de Menga.
  • Lugar en la Tierra: que va a condicionar las proporciones y los materiales de construcción, para lo que es necesario dominar la geometría, tener una clara consciencia del planeta como entidad y de los materiales que lo componen.
  • Lugar en el Cosmos: que va a condicionar la orientación atendiendo a la circulación de los astros. Esto implica importantes conocimientos astronómicos y cosmogónicos.
  • Lugar en la Quintaesencia: que va a condicionar la ubicación y el trazo fundamental de la construcción, un aspecto evaluable con técnicas radiestésicas.
El método práctico

En el caso de Menga la ubicación está claramente marcada por un fabuloso vórtice telúrico con una altísima vitalidad, un lugar privilegiado que determina el punto exacto del lugar sagrado y condiciona el diseño del edificio. Como ocurre con otros vórtices similares y según explicamos en La estrella de Tartesos, este punto está inserto en una estrella de ocho puntas radiante que se forma sobre el terrero por el entrecruzamiento de las líneas de Curry en unas condiciones determinadas. Estas líneas se extienden por doquier en dirección 45º norte–sur y su perpendicular a intervalos de aproximadamente 6–7m y con un ancho de unos 40cm, de ahí la orientación elegida para el dolmen, ya que el trazado de la planta del edificio está totalmente condicionado por la estrella de Tartesos y las prolongaciones de sus puntas, tal y como se puede apreciar en el siguiente esquema de diseño:

Esquema de diseño de la planta del dolmen.
  1. Estrella de Tartesos delimitada por las líneas de Curry sobre un vórtice telúrico de altísima vitalidad.
  2. Prolongación de las cuatro intersecciones de la estrella en líneas horizontales según su dirección natural de 45ºN. Generación de segmentos de convergencia y prolongación en divergencia especular.
  3. Una vez definida la dimensión del templo, se trazan las líneas maestras entre las puntas de la estrella y el límite considerado.
  4. El diseño queda definido por los puntos medios entre las líneas maestras. Las cobijas y los pilares también están claramente condicionados por la red Curry.

    Planta del dolmen de Menga, líneas telúricas y trazos de diseño.

Saulo Ruiz Moreno
2 de febrero de 2019
Día de la purificación por el fuego, del lobo y el macho cabrío,
cuarenta días desde el nacimiento del Sol.

2 thoughts on “Menga, lugar sagrado”

  1. Muy interesante. Veo que te centras ahora en el tema megalítico. Me parece evidente que laorientación de los ejes de estos monumentos es un dato esencial. No sé si hay un estudio global que permita conclusiones de las coincidencias en ese aspecto. En todo caso, una investigación apasionante… y muy difícil.

    1. Gracias Javier, el megalitismo me parece apasionante porque está apegado a la tierra, a la naturaleza, llevo años inmerso en su estudio desde que encontré los mismos patrones simbólicos de los filósofos en sus monumentos. Un abrazo.

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